Hoy, 11 de noviembre de 2011, es el 40 aniversario de la muerte de mi padre.
Me cuesta creer que 40 años han pasado desde el día en que mi mundo se puso de revés.
Yo tenía 12 años cuando el mundo que yo conocía se rompió en pedazos.
Me quedé paralizada sin querer moverme. Yo quería ser una sombra y sumergirme en la tristeza y el dolor. La vida dejó de tener significado.
Mi padre era mi ídolo. Él era mi maestro. Él era mi fuerza. De repente me quedé sin norte.
En realidad, yo me quería quedar inmóvil.
Pero ...a pesar de querer olvidarme de la vida ... la vida no se olvidó de mí.
Ésta me empujó, incluso sin yo darme cuenta, para seguir creciendo y seguir viviendo.
Poco a poco fui aprendiendo a adaptarme a un nuevo mundo sin la presencia física de mi padre, pero llevando su amor y enseñanzas en mi corazón. Es debido a esta gran pérdida que me inicie en este camino de ayudar a los demás frente a una pérdida o una transición difícil. Entendí que para sanar es necesario hacer frente al dolor cara a cara. No lo podemos pasar por alto. No podemos pretender que todo está igual, y sobre todo .... que nuestros seres queridos nunca se olvidan. Aprendemos a vivir con la pérdida integrada en nuestras vidas porque ... hay vida después de una pérdida y podemos transformarla.
Recientemente me invitaron a un programa de radio y hablamos del amor eterno. Ese es el amor que yo siento por mi padre. Cuando perdemos a un ser querido ... el amor no tiene fin.
Mientras mantengamos presente a nuestro ser querido en nuestras mentes y en nuestros corazones .... ellos siguen viviendo!
Al transformar nuestra pérdida podemos cambiar nuestra vida.
Ligia/11
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